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La Mayordomía del Cuerpo
Por Eladio Ramos
 

La mayordomía del cuerpo es una responsabilidad que cada creyente en Cristo Jesús debe ejercer. El apóstol Pablo fue muy enfático en este tema con especialidad a los creyentes carnales e inmaduros de la iglesia de Corinto. Ocurrió que muchos de los feligreses de esta renombrada iglesia en Grecia no ponían atención ni esmero a la mayordomía que proyectaban con su cuerpo públicamente y el apóstol y maestro de los gentiles los tuvo que confrontar severamente. Los criticó del mal testimonio de cosas como fornicación entre ellos que ni aún se nombraba en los de afuera (gentiles). A otro hombre perverso que adulteraba con su madrasta lo tuvo que mandar a entregar a Satanás para destrucción de su cuerpo. Finalmente los reprochó por no haber sido capaces de juzgar una situación como esta por estar envanecidos. 

A veces en las doctrinas de gracia no se le hace el énfasis adecuado a los creyentes respecto a este asunto tan importante de la mayordomía del cuerpo y al no hacerlo, se otorga libremente la forma de pensar de que no es  importante darle atención y esmero al comportamiento en el cuerpo. Cabe mencionar aquí lo que habló el apóstol Pablo en su segunda misiva a los creyentes en Corinto: “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.(2da. Corintios 5:10)

Después de leer tan contundente verdad, primero hay que mirar con detenimiento la frase “mientras estaba en el cuerpo” que es evidente de que se habla de un ser que mas bien habita en el cuerpo y que el cuerpo por así decirlo, es su vehículo de movimiento aquí en la tierra. Recalca el apóstol que daremos cuenta de todo lo hecho sea bueno o sea malo. Es decir que entonces hay que ponerle atención cuidadosa a lo que hacemos.

El cuerpo es el reflejo externo de lo que esta ocurriendo internamente en cada persona y por consiguiente es necesario poner atención tanto a lo interno así como a lo que proyectamos externamente. Jesús utilizó una analogía con un vaso indicando su limpieza por fuera así como por dentro (Vea: Mateo 23:25 y Lucas 11:39). El vaso o cuerpo donde vivimos es neutral y muy obediente a las instrucciones que recibe, ya sea del hombre caído que está viciado conforme a los deseos engañosos así como por el nuevo hombre creado según Dios mismo.

El buen testimonio se ve en nuestro cuerpo al igual que los frutos del Espíritu, pero de la misma forma se podría proyectar el mal proceder, los frutos de la carne y todas las cosas negativas que batallan contra nuestra alma internamente. Por eso es nuestra responsabilidad el preservar una buena imagen y buen testimonio para con nuestros semejantes que nos observan queriendo ver la imagen del Cristo que predicamos aquí en el mundo. Pablo amonestó a Timoteo respecto a los que habrían de ejercer cargos y le recalcó que fueran de buen testimonio para con los de afuera para no caer en lazo del diablo.

El cuerpo que tristemente por un solo pecado fue vendido en el Edén, felizmente fue comprado con una sola ofrenda en el Calvario dando así una nueva imagen al hombre nuevo creado según Dios que hoy habita en todos nosotros. Pero la naturaleza caída siguió también habitando en nuestro vehículo haciéndonos la batalla constante y aquí es donde se inicia el llamado a una buena y responsable mayordomía para llevar cautivas todas as acechanzas de esa mente caída que no se sujeta a la ley de Dios ni tampoco puede.

Hay creyentes que al ver este conflicto piensan que es trabajo de Dios el de contrarrestar esos embates pero en repetidas ocasiones se nos llama a despojarnos de ese viejo hombre, a limpiarnos de toda contaminación de carne y de espíritu. En otros pasajes de la gloriosa palabra de Dios se nos llama a llevar cautivo todo pensamiento y toda altivez de ese hombre caído y a sujetarlos a la obediencia a Cristo. Es nuestra responsabilidad la de procurar presentarnos como obreros y mayordomos aprobados que no tienen de qué avergonzarse.

El espíritu de actitud en cuanto a esto que se nos ha dado es de poder, amor y dominio propio para depender del poder de Dios y vencer. Por eso es tan importante tener presente que tenemos este tesoro en vaso de barro para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros.

También es importante recalcar que aunque el mal mora en nosotros, esto es en nuestra carne (no el cuerpo!) es necesario proclamar victoria sabiendo que mayor es el que esta en nosotros que el que esta en contra. No podemos perder de vista que somos mas que vencedores por medio de aquel que nos amó y que por lo tanto no debemos ser vencidos por el mal si no mas bien debemos vencer el mal con el bien. En Galacia Pablo enseñó esto diciendo:  Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley” (Gal. 5:16-17). 

No hay excusa para ser vencido por el mal. Las armas de nuestra milicia no son carnales sino espirituales y poderosas en Dios para destruir todo lo que se levante en contra de nosotros. Cabe mencionar aquellas ponderosas frases de Romanos 8:31 y 37: 31 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? 37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

Oramos a Dios para que haya en nosotros aquel mismo sentir que hubo en Cristo Jesús y para que veamos nuestra gran responsabilidad de ejercer una mayordomía digna de encomio para que por medio de ella, los hombres que nos ven glorifiquen a Dios y admitan que verdaderamente Dios esta entre nosotros.

               

Gracia y Paz



 







 
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